Cuando el sol se oculta tras las montañas y el silencio vuelve a los prados, los Valles Pasiegos revelan otra de sus grandes riquezas: el cielo nocturno.

Textos y fotografía de Rubén Modino Fernandez. Astrosantander.

Lejos de las grandes ciudades y de la contaminación lumínica, la oscuridad vuelve a ser aquí un patrimonio. En muchas noches despejadas, la Vía Láctea puede observarse incluso a simple vista, algo cada vez más difícil en buena parte de Europa.

Por eso, cada vez más viajeros descubren en estas montañas un nuevo motivo para visitarlas: el astroturismo, una forma de turismo que invita a contemplar el universo y a reconectar con la naturaleza y con los ritmos del cielo.

Pero en los Valles Pasiegos mirar las estrellas no es algo nuevo. Durante siglos, los pasiegos han vivido pendientes del cielo, utilizándolo como guía para sus labores ganaderas y agrícolas, y para organizar su vida en las montañas.

Un cielo oscuro en el corazón de Cantabria

La calidad del cielo nocturno se mide mediante la escala Bortle, que clasifica los cielos según su oscuridad y contaminación lumínica. Cuanto más bajo es el número, mejor es la visibilidad de estrellas y galaxias.

Gracias a su baja densidad de población, la ausencia de grandes núcleos urbanos y la escasa iluminación artificial, muchos puntos de los Valles Pasiegos conservan algunos de los cielos más oscuros del interior de Cantabria.

Aquí la noche es realmente noche.
Y cuando el cielo se abre, el espectáculo comienza.

Dónde observar las estrellas en los Valles Pasiegos

Cada valle tiene su propia personalidad… también cuando cae la noche.

  • Valle del Miera: la puerta a la Vía Láctea

Entre montañas abruptas y cabañales dispersos, el valle del Miera ofrece algunos de los cielos más limpios de la comarca.

En las zonas altas de San Roque de Riomiera, el puerto de Lunada o el puerto de La Sía, la oscuridad del cielo permite observar con claridad la Vía Láctea durante los meses de verano, así como constelaciones que dominan el cielo estival, como Cygnus, Cassiopeia o Sagitario.

Más abajo, siguiendo el curso del río, el entorno natural del Miera y los Pozos de Noja ofrece rincones tranquilos donde disfrutar del cielo nocturno rodeado de bosque y agua, un lugar donde el silencio y la oscuridad permiten apreciar mejor la profundidad del firmamento.

En el entorno de Liérganes, uno de los pueblos más emblemáticos de Cantabria, también existen miradores naturales para contemplar el cielo. Desde lo alto de Las Tetas de Liérganes, las dos colinas que dominan el valle, o desde la zona elevada de la iglesia de San Pantaleón, el horizonte se abre hacia las montañas pasiegas, permitiendo observar constelaciones y planetas en noches despejadas.

Durante el verano, estos lugares se convierten además en puntos privilegiados para contemplar las Perseidas o lágrimas de San Lorenzo, una de las lluvias de estrellas más populares del año.

Aquí, rodeado de montañas, prados y cabañas dispersas, el cielo parece más grande.

  • Valle del Pas: estrellas sobre los cabañales

En el corazón del mundo pasiego, lugares como Vega de Pas o San Pedro del Romeral combinan paisajes culturales únicos con cielos limpios.

Las antiguas cabañas pasiegas, construidas desde hace siglos como vivienda, establo y pajar, son el símbolo de un modo de vida ganadero profundamente ligado al territorio.

Desde las praderas que rodean estos cabañales, en otoño e invierno destacan:

  • Orión, una de las constelaciones más reconocibles del cielo

  • Las Pléyades

  • El brillante planeta Júpiter

En noches frías y despejadas, el cielo parece suspendido sobre las montañas.

  • Valle del Pisueña: astronomía y tranquilidad

Más suave en relieve, pero igual de auténtico, el valle del Pisueña es ideal para quienes buscan una observación tranquila.

En zonas rurales cercanas a Selaya o Villacarriedo, el horizonte abierto permite disfrutar de:

  • Saturno y sus anillos con telescopio

  • Constelaciones del verano, como Escorpio

  • Lluvias de meteoros en primavera y otoño

Tras la observación, nada mejor que completar la experiencia con uno de los sabores más famosos de Cantabria: la quesada pasiega, elaborada con leche cuajada, mantequilla y azúcar, una receta tradicional de la comarca.

Porque en los Valles Pasiegos, gastronomía y paisaje siempre van de la mano.

Cuando los pasiegos miraban el cielo para vivir

Mucho antes de que existiera el astroturismo, el cielo ya era una herramienta cotidiana para los habitantes de estos valles.

Los pasiegos han sido históricamente ganaderos trashumantes, moviendo sus vacas entre prados según las estaciones en un sistema conocido como la muda, que consistía en trasladar el ganado entre distintas cabañas a lo largo del año.

Para organizar esta vida en las montañas, el cielo servía como calendario natural.

Entre las observaciones tradicionales más extendidas estaban:

  • Las fases de la luna, que marcaban momentos adecuados para sembrar, segar o cortar madera

  • La aparición de determinadas estrellas al amanecer o al anochecer, que anunciaban cambios de estación

  • La observación del comportamiento del ganado, ya que los ganaderos siempre han asociado ciertos ciclos lunares con los partos del ganado o con cambios en el comportamiento de los animales

Este conocimiento del cielo no era ciencia escrita, sino sabiduría transmitida de generación en generación, fruto de siglos viviendo en estrecha relación con la naturaleza.

Una experiencia para los sentidos

El astroturismo en los Valles Pasiegos no es solo mirar el cielo.

Es caminar entre cabañas centenarias, escuchar el sonido lejano del ganado en los prados, sentir el aire fresco de la montaña y terminar la noche con un sobao recién hecho o una quesada compartida junto al fuego.

Porque aquí el universo no está solo sobre nuestras cabezas.
Está también en la forma de vivir de estas montañas.

* Fotografías tomadas desde Liérganes y Miera: Rubén Modino Fernández.