En los pintorescos Valles Pasiegos, ubicados en el norte de España, se encuentran vestigios vivos de una forma de vida única y arraigada en la tradición: la vida pasiega. Este estilo de vida está intrínsecamente ligado a la cultura pastoril y a prácticas que han perdurado a lo largo de generaciones, aunque en muchos reductos, estas prácticas están siendo desplazadas lógicamente por la modernidad. Desde la muda hasta la siega y el uso de herramientas tradicionales, cada aspecto de la vida pasiega es una ventana a un mundo lleno de historia y autenticidad.

La muda, una de las prácticas más emblemáticas de los pasiegos, es un proceso peculiar que implica movimientos estacionales de corto recorrido, donde las familias ganaderas se desplazan entre fincas y cabañas para aprovechar de manera racional los recursos de pasto disponibles. Aunque en algunas zonas esta tradición se ha mantenido, en otras ha ido perdiendo relevancia debido a los cambios en la forma de vida y la economía.

Los pasiegos y la cultura pastoril.

El transporte de la hierba seca es otra tarea ardua que forma parte de la vida pastoril. Dependiendo de la distancia y del terreno, se utilizan diferentes métodos, aunque en esta zona de Cantabria predomina la belorta, una vara flexible de avellano que se carga a hombros.

También los cuévanos, cestos elaborados con tiras de madera, son herramientas versátiles que se utilizan para transportar una variedad de materiales, desde hierba y leña hasta quesos en su momento.

Mantenimiento de los prados.

La siega es otra faceta importante de la vida pasiega. Esta técnica de trabajo, que requiere destreza y fuerza física, se lleva a cabo principalmente durante la primavera y el verano. Una herramienta clave en este proceso es el dalle, una guadaña de mano con una cuchilla ancha y curva. Es muy común ver en las laderas de la montaña como se siegan prados escarpados que sin esta herramienta sería imposible de trabajar.

La vida pasiega es un testimonio vivo de la relación simbiótica entre el ser humano y la naturaleza. Aunque muchas de sus tradiciones están siendo desplazadas por la modernidad, en algunos reductos aún se practican, preservando así la autenticidad y el legado de esta forma de vida ancestral. Los Valles Pasiegos ofrecen a los visitantes la oportunidad de sumergirse en esta rica tradición, explorando paisajes impresionantes y descubriendo la autenticidad de una comunidad que ha sabido preservar en muchos aspectos sus raíces a lo largo del tiempo.