Casona de los Miera

La Casona de Miera-Rubalcaba fue construida en el siglo XVIII por Felipe García de Miera Rubalcaba y Velasco, miembro de una de las familias hidalgas más influyentes de la zona. Uno de los elementos más llamativos del conjunto es la gran cruz de piedra situada en una de las esquinas de la propiedad, que refuerza el carácter señorial del edificio.

Levantada principalmente en sillería, la vivienda combina rasgos de la arquitectura clásica con elementos propios del barroco. Distribuida en dos plantas, conserva interesantes detalles constructivos como los arcos interiores, el escudo nobiliario de la fachada y un singular balcón esquinero, una solución poco habitual dentro de la arquitectura montañesa tradicional.

Casona de los Miera
Casona de los Miera

Este balcón, rematado por una venera, rompe deliberadamente la simetría de la fachada y aporta una imagen muy característica al edificio. Tanto este elemento como la solana situada en el ángulo contiguo parecen corresponder a reformas realizadas con posterioridad a la construcción original de la casa.

Especial interés presenta el magnífico escudo heráldico, que se conserva en excelente estado y reúne las armas de los linajes Miera, Rubalcaba, Velasco, Riba y Agüero. La composición está enmarcada por una rica decoración con leones, máscaras, tritones, lambrequines y otros motivos ornamentales que reflejan el prestigio y la posición social de la familia.

La vinculación de los Miera-Rubalcaba con esta propiedad está documentada desde antiguo. Un testimonio fechado en 1635, realizado por Gabriel de Rubalcaba, ya señalaba que la casa pertenecía a la familia desde hacía más de tres siglos, lo que demuestra la profunda implantación del linaje en este territorio.

La historia de la familia también dejó algunos episodios singulares en Liérganes. En 1772, Bartolomé de Miera Rubalcaba y Velasco intentó levantar una nueva residencia en el paraje de Piedra Blanca, pero la oposición vecinal fue tan contundente que los habitantes del lugar, tras tocar las campanas para reunir a la población, derribaron la obra cuando apenas comenzaba a levantarse.

Años después, el mismo Bartolomé promovió la construcción de dos cabañas para el ganado. Sin embargo, el proyecto volvió a ser rechazado por los vecinos, que consideraban que suponía una amenaza para los montes de los que se obtenía la madera destinada a los astilleros de la Corona.

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