Colegio de los Padres Escolapios de Villacarriedo

El edificio del Colegio de los Padres Escolapios de Villacarriedo es una de las obras religiosas a destacar. El Caballero de la Orden de Santiago, miembro del Consejo de Su Majestad en la Contaduría Mayor de Cuentas y Administrador General de la Real Aduana de Cádiz, Don Antonio Gutiérrez de la Huerta y Güemes, fundó este colegio en 1746. 

En sus orígenes este colegio ocupaba una superficie de de 2600 m 2 distribuidos en una reunión de casas con aulas para cinco clases, pero tras varias reformas a lo largo de los siglos XVIII y XIX adquiere su estética actual. 

En la primera época dorada del colegio, que coincide con el último tercio del siglo XIX, el papel de algunos de los miembros de la comunidad se tradujo en notables mejoras para el conjunto del valle, como la construcción de un puente sobre el Pisueña en Villacarriedo. Otra de las aportaciones de los Escolapios al devenir social y económico llegó de la mano del rector

Colegio de los Padres Escolapios de Villacarriedo

Entre las obras religiosas del siglo XVIII hay que destacar el edificio del Colegio de los Padres Escolapios de Villacarriedo, que fue fundado en 1746 por Don Antonio Gutiérrez de la Huerta y Güemes, Caballero de la Orden de Santiago, miembro del Consejo de Su Majestad en la Contaduría Mayor de Cuentas y Administrador General de la Real Aduana de Cádiz.

Bonifacio Sainz, de cuya iniciativa surgió la Sociedad Hispano Carredana que puso en comunicación el valle con la línea de Santander y Alceda. Téngase en cuenta que al finalizar la primera década del siglo XX, los enlaces con la estación del ferrocarril de Ontaneda sólo podían realizarse mediante carros o a través de una «mala línea de coches» .

Uno de los valores más destacados del centro es la Iglesia de San Antonio, de tres naves desiguales en altura, más bajas las laterales, que soportan sobre su bóveda pasillos y tribunas. A los pies se eleva el coro. El ábside es semicircular y en el crucero se levanta sobre los cuatro arcos una elegante cúpula semiesférica sobre pechinas sembrada de estrellas sobre fondo azulado.

La fachada es sobria, con dobles pilastras cajeadas sobre las que se sitúa un frontón curvo que albergó en el tímpano el escudo de armas del fundador, Gutiérrez de la Huerta.

Tras sucesivas reformas a lo largo de los siglos XVIII y XIX adquiere su estética actual, pues en origen se trataba de una reunión de casas que alcanzaban en conjunto una superficie de 2600 m 2 con aulas para cinco clases.

En la primera época dorada del colegio, que coincide con el último tercio del siglo XIX, el papel de algunos de los miembros de la comunidad se tradujo en notables mejoras para el conjunto del valle, como la construcción de un puente sobre el Pisueña en Villacarriedo. Otra de las aportaciones de los Escolapios al devenir social y económico llegó de la mano del rector

Bonifacio Sainz, de cuya iniciativa surgió la Sociedad Hispano Carredana que puso en comunicación el valle con la línea de Santander y Alceda. Téngase en cuenta que al finalizar la primera década del siglo XX, los enlaces con la estación del ferrocarril de Ontaneda sólo podían realizarse mediante carros o a través de una «mala línea de coches» .

Uno de los valores más destacados del centro es la Iglesia de San Antonio, de tres naves desiguales en altura, más bajas las laterales, que soportan sobre su bóveda pasillos y tribunas. A los pies se eleva el coro. El ábside es semicircular y en el crucero se levanta sobre los cuatro arcos una elegante cúpula semiesférica sobre pechinas sembrada de estrellas sobre fondo azulado.

La fachada es sobria, con dobles pilastras cajeadas sobre las que se sitúa un frontón curvo que albergó en el tímpano el escudo de armas del fundador, Gutiérrez de la Huerta.